sábado, 19 de mayo de 2018

S5. ACT.2 ANÁLISIS Y ABSTRACCIÓN DE INFORMACIÓN



“Influencia de las emociones en la alimentación”

MARCO TEÓRICO

Antecedentes del tema
Una de las características básicas de los seres humanos es la capacidad que se tiene para poder experimentar reacciones fisiológicas ante ciertos estímulos que de cierta forma sirven para adaptarse al entorno pues tienen funciones de activación como una señal para la acción, sin embargo, muchas personas tienen dificultad para poder expresarlas de tal manera que se van quedando en el cuerpo, mismas que al no ser expresadas o controladas de una manera adecuada buscan una forma de salir y generalmente lo hacen a través de la enfermedad y de ciertas conductas compulsivas o dañinas para el sujeto. Emociones que se van quedando dentro del cuerpo desde pequeños porque tal vez se vivió una infancia de represión en donde no estaba permitido el llorar, el enojarse, el tener miedo  o hasta el sentir alegría, o bien se acostumbró al niño que cuando estuviera triste se le diera un dulce, chocolate o cualquier otro alimento que le permitiría sentirse mejor, esto es muy claro en la vida cotidiana ya que cuando el pequeño experimenta una emoción los padres o personas a su alrededor en lugar de dejarlo que experimente la emoción se le suspende otorgándole una golosina para que se sienta mejor. De tal manera, que conforme va creciendo va utilizando el alimento (generalmente algo dulce) como una forma de manejar esa emoción que le permita sentirse mejor.
Debido a lo anterior se puede entender que existe una relación entre las emociones y la alimentación mismos datos que se han encontrado en diferentes investigaciones. De tal manera que según Rodríguez (2017) la conducta alimentaria forma parte del conjunto de factores culturales, sociales, psicológicos, religiosos, económicos y geográficos que integran un determinado grupo social. Estos factores están íntimamente asociados a situaciones, condiciones y circunstancias que marcan un determinado ambiente, un estilo de vida que proporciona al individuo una identidad. Retomando lo dicho por el autor queda claro que la alimentación no solo dependerá de un hambre física o como una necesidad fisiológica la acción de comer, sino que también hay otros factores que influyen en la alimentación y que muchas veces no se toman en cuenta al momento de diseñar una dieta específica donde el profesional de la nutrición debe de valorar también estos aspectos y complementar su tratamiento de una manera interdisciplinaria con otros profesionales.
De lo señalado anteriormente, se puede corroborar con los resultados obtenidos por Pascual y Etxebarria (2011) en su artículo “Las variables emocionales como factores de riesgo de los trastornos de la conducta alimentaria” donde concluyeron que el conjunto de variables psicológicas que analizaron (ansiedad-rasgo, dificultad para identificar y expresar las emociones, baja autoestima, actitud negativa hacia la expresión emocional, percepción negativa de las emociones, influencia de la alimentación, peso y gura corporal en el estado de ánimo, necesidad de control y determinadas formas de regular las emociones) pueden ser consideradas factores de riesgo de los trastornos de la conducta alimentaria.
Por lo tanto, cabe señalar que las variables psicológicas en particular el manejo de las emociones no solo puede provocar problemas de obesidad por tener una alimentación inadecuada como pudiera creerse, sino también puede ser causante de transtornos alimenticios como la anorexia o la bulimia, entre otros.
Así mismo, Ramos (2016) señala un término muy importante para poder entender lo mencionado anteriormente que permita establecer la relación entre emociones y alimentación, ya que se refiere al comer emocional como una estrategia de afrontamiento individual que puede estar asociada en gran medida al sobrepeso, por lo que las consecuencias de utilizar tal método de afrontamiento pueden ser los diversos problemas físicos y psicológicos que se asocian a la obesidad, es decir, que al no saber manejar las emociones el individuo no encuentra otra manera de poder expresarlas más que a través de la comida pues genera en el sujeto una imperiosa necesidad de llenar ese vacío que tiene ya que al consumir el alimento reduce la emoción principalmente negativa porque así pudo haberlo aprendido desde pequeño y que por tal motivo puede conducir a la obesidad o a otras enfermedades.
Del mismo modo, Sánchez y Pontes (2012) en su carta científica “Influencia de las emociones en la ingesta y control de peso” mencionan que la emoción en sí misma no puede ser responsable de excesiva ingesta sino más bien, que la verdadera causante del sobrepeso, es la forma en que la emoción es afrontada por la persona y por lo tanto se ha encontrado que el vínculo entre emoción y alimentación es más fuerte en las personas obesas que en las no obesas y en personas que hacen dieta en relación a las personas que no hacen dietas. Lo anterior hace pensar que realmente no es tanto la emoción la que genera la conducta alimentaria inadecuada sino más bien la manera en que el sujeto afronta esa emoción al carecer de estrategias de afrontamiento o de inteligencia emocional ante las situaciones que se le presentan en la vida diaria, por ejemplo, ante una pérdida el individuo trata de aliviar esa tristeza en lugar de acudir con un profesional (psicólogo) lo hace comiendo pues es su manera de sentirse mejor y aliviar esa emoción convirtiéndose la comida en una forma de analgésico.
Sin duda, son varios los autores que hablan sobre la relación que existe entre las emociones y la alimentación, quedando claro que el hambre no solo tiene que ver con una necesidad fisiológica sino también con otras variables psicológicas o hasta culturales, pero para efecto de la presente investigación solo se revisarán las relacionadas con las emociones.

Bases teóricas
En el área de la nutrición hay algunos términos que son básicos para poder entender la temática que ocupa esta investigación ya que si no quedan claros pudiera haber una confusión entre los mismos, por ejemplo, cuando se escucha hablar de nutrición muchas veces se piensa que es alimentación y cuando se escucha hablar sobre alimentación se confunde con nutrición, sin embargo, son términos que están muy relacionados pero no se pueden considerar lo mismo.
Para Casanueva (2001) citada por Otero (2012) la nutrición va más allá de comer, es un proceso muy complejo que considera desde los aspectos sociales hasta los celulares, y se define como “el conjunto de fenómenos mediante los cuales se obtienen, utilizan y excretan las sustancias nutritivas llamadas nutrimentos, mismas sustancias que son obtenidas a través de la alimentación, la cual consiste en la obtención, preparación e ingestión de alimentos. Por lo anterior, es evidente que no son lo mismo pero están íntimamente relacionados ya que van de la mano al momento de establecer una dieta, por lo que es importante para el profesional de la nutrición identificar los hábitos alimenticios o conducta alimentaria y determinar cuales son los alimentos que esta ingiriendo el sujeto en su día a día.
Del mismo modo, Palencia (s.f.) señala que la alimentación es el conjunto de acciones que permiten introducir en el organismo humano los alimentos, o fuentes de las materias primas que precisa obtener, para llevar a cabo sus funciones vitales y la nutrición en cambio, es el conjunto de procesos involuntarios mediante los cuales el cuerpo humano incorpora, transforma y utiliza los nutrientes suministrados con los alimentos, para realizar sus funciones vitales, es decir, la acción de comer es una necesidad que se busca satisfacer a través de los alimentos ya que es considerada una necesidad fisiológica y posteriormente pasa a la nutrición en donde después de haber incorporado los alimentos en el cuerpo, el mismo organismo absorbe y utiliza los nutrientes de los mismos.
Otro término que se necesita comprender es el referente a la conducta alimentaria que se define como el comportamiento normal relacionado con los hábitos de alimentación, la selección de alimentos que se ingieren, las preparaciones culinarias y las cantidades ingeridas de ellos. (Osorio y Weisstaub, 2002). De tal manera que cada sujeto tiene diferentes hábitos al momento de consumir alimentos desde horarios, alimentos que se consumen en mayor cantidad o menos, tipos de alimentos y forma de consumirlos, dichos hábitos se han aprendido desde que se es pequeño en la misma familia y que se van repitiendo a través de los años, por ejemplo, si a un niño sus padres acostumbran a llevarlo a comer comida chatarra, a no desayunar, a comer determinado tipo de alimento estos patrones se van repitiendo.
Así mismo, Anderson (1998) citado por Osorio y Weisstaub (2002) señala que se entiende por apetito al conjunto de señales internas y externas que guían a un individuo en la selección e ingestión de alimentos y la saciedad es la sensación fisiológica de plenitud que determina el término de la ingesta alimentaria. Pero en muchas ocasiones ese apetito solo se refiere a cierto tipos de alimentos que pueden ser dañinos para el organismo debido a la gran cantidad de azúcar o grasas que contienen y que pueden llevarlo a problemas de obesidad, sin embargo, muchas veces aunque el individuo consuma el alimento continua sintiendo hambre lo que lo induce a seguir consumiendo alimentos sin terminar de saciarse.
Después de que estos términos han quedado definidos ahora se considera importante revisar la otra variable de la investigación referente a las emociones pues muchas veces se piensa de manera confusa que son lo mismo que los sentimientos o que no se debe ser tan “emocional” en la vida, pero esto va todavía mas allá de un ser emocional.
Para Zepeda (2007) la emoción es el estado de sensaciones complejo que comprende una experiencia consciente, respuestas físicas internas y manifiestas además de la capacidad de motivar al organismo para la acción, de lo anterior se puede decir que entonces una emoción se considera como una reacción que tiene el organismo ante cierto estímulo lo que le permite actuar de determinada manera y en muchas ocasiones esa forma de actuar no es la más adecuada que influye en algunos aspectos de su vida pues cada uno reacciona de manera muy específica ente los estímulos.
Choliz (2005) señala también a la emoción como una experiencia afectiva en cierta medida agradable o desagradable, que supone una cualidad fenomenológica característica y que compromete tres sistemas de respuesta: cognitivo-subjetivo, conductual-expresivo y fisiológico-adaptativo, por lo tanto, la emoción no solo se considera como una reacción fisiológica sino que también tiene un componente cognitivo el cual muchas veces es el generador de la emoción o de su intensidad, es decir, que lo que piensas de la situación es lo que genera la emoción y que a su vez hace que se reaccione de determinada manera de acuerdo a las estrategias que tiene el sujeto para expresar y controlar la emoción.
La emoción tiene tres funciones principales: funciones adaptativas, funciones sociales y funciones motivacionales. En la primera una de las funciones más importantes de la emoción sea la de preparar al organismo para que ejecute eficazmente la conducta exigida por las condiciones ambientales, movilizando la energía necesaria para ello, así como dirigiendo la conducta (acercando o alejando) hacia un objetivo determinado; la segunda referida a la expresión de las emociones permite a los demás predecir el comportamiento asociado con las mismas, lo cual tiene un indudable valor en los procesos de relación interpersonal y la última implica una relación entre emoción y motivación, ya que se trata de una experiencia presente en cualquier tipo de actividad que posee las dos principales características de la conducta motivada, dirección e intensidad y la emoción energiza la conducta motivada. (Reeve, 1994 citado por Choliz, 2005).
Pero, ¿Qué pasa cuando la emoción no cumple estas funciones y en lugar de reaccionar de una manera adecuada se reprime la emoción o bien la emoción se expresa de una forma exagerada? Lo que si es cierto es que cada sujeto responderá ante la situación de acuerdo a lo que se le enseñó cuando era pequeño o de acuerdo a su personalidad, en dado caso que se le haya enseñado a expresar sus emociones de manera correcta será un individuo sano emocionalmente pero en caso contrario buscará algunas formas de poder expresarlas o enfrentarlas y en lo referente a esta investigación esa expresión será a través de una conducta alimentaria inadecuada  que afecta su salud ya sea en cuanto a obesidad o algún transtorno alimentario donde vea a la comida su peor enemigo.
Para Menendez (2007) nuestro nivel de salud mental será equiparable entonces al de la salud física porque habrá un equilibrio entre lo que queremos y lo que conseguimos, entre cómo somos y cómo deseamos ser, manteniendo luchas internas por la desproporción entre lo que queremos y lo que conseguimos lo que llevará a tapar ese vacio con los alimentos, de este modo, a través de la alimentación se busca sentir una sensación de bienestar pues entre más se come mas feliz o estable se encuentra el sujeto
La relación emociones-nutrición es clara, ya que en momentos de inestabilidad emocional somos más propensos a consumir alimentos grasos. Esto no es positivo para el control de peso y provoca un exceso de grasa en la dieta. Cuando usamos la dieta para calmar nuestro estado emocional, a esto se le llama alimentación emocional” (García-Allen, s.f.), por lo anterior, se debería identificar que es lo que esta pasando con el sujeto a nivel psicológico ya que entonces el comer se convierte en su estrategia para afrontar sus situaciones y que pudiera ser una de las razones por las cuales el sujeto a pesar de estar haciendo dietas las deja de hacer.
Por lo tanto, como señala Servian (2017) cuando usamos la comida para calmar nuestro estado emocional estamos alimentándonos emocionalmente. De alguna manera la preocupación por nuestro peso y por nuestro cuerpo enmascara preocupaciones aún más profundas. Esto se convierte en un círculo vicioso de preocupaciones que no se resuelven y que frenan nuestra capacidad de crecer y desarrollarnos.
Mientras no se acuda a buscar ayuda con un profesional para trabajar las situaciones emocionales por mas dietas que haga el sujeto estas no funcionarán pues lo que necesitan no es un alimento físico sino un alimento emocional, desafortunadamente si se sigue con esta conducta podría generar problemas como la obesidad o en su defecto transtornos alimenticios.
Para concluir, se puede decir que realmente las emociones principalmente las negativas como la tristeza, enojo, miedo, entre otras, influyen en la alimentación debido a que se relacionan con esa forma de llenar el vacío que tienen ya sea porque fue aprendido durante su infancia o como una forma de afrontar las situaciones difíciles.

Referencias
Chóliz M. (2005): Psicología de la emoción: el proceso emocional. Obtenido de                                https://www.uv.es/choliz/Proceso%20emocional.pdf
García-Allen, J. (s.f.). La importancia de la alimentación emocional. Recuperado el 14 de mayo de 2018, de https://psicologiaymentenet/nutricion/psicologia-nutricion-alimentacion-emocional
Menendez, I. (2007). Alimentación emocional: La relación entre nuestras emociones y los conflictos con la comida. Barcelona: Grijalbo. Obtenido de http://www.isabelmenendez.es/libros/ALIMENTACION%20EMOCIONAL%20%20  Isabel%20Menendez.pdf
Osorio J., Weisstaub N. (2002). Desarrollo de la conducta alimentaria en la infancia y sus
           alteraciones. Revista Chilena de Nutrición Vol. 29. No. 23 Obtenido de
Otero B. (2012). Nutrición. Red Tercer Milenio: México. Obtenido de http://www.aliat.org.mx
Palencia Y. (s.f) Alimentación y salud: Claves para una buena alimentación Obtenido de
           UNA_BUENA_ALIMENTACION
Pascual A., Etxebarria E.(2011). Las variables emocionales como factores de riesgo de los
           trastornos de la conducta alimentaria. International Journal of Clinical and Health
           Psychology. Obtenido de http://www.redalyc.org/html/337/33716996003/
Ramos, J.González K. (2016). Efecto de la interacción entre el sexo y el peso en el comer emocional en adolescentes. Psicología y Salud, 26(1). Obtenido de http://revistas.uv.mx/index.php/psicysalud/article/view/1899/3473
Rodríguez D. (2017).   Alimentación y Emociones. Una sinergia fundamental para  nuestro
          bienestar. Projecte Final  del Postgrau en Educació Emocional i  Benestar
        Barcelona: Universita de Barcelona. Obtenido de http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream
          /2445/118538/7/TFP%20Daniel%20 Rodriguez.pdf
Sánchez, J. , Pontes T.(2012). Influencia de las emociones en la ingesta y control de peso. Nutrición Hospitalaria. Obtenido de http://scielo.isciii.es/pdf/nh/v27n6/50cartacientifica 02.pdf
Servian F. (2017). ¿Cuál es el vínculo entre emoción y alimentación? Recuperado el 16 de
           mayo de 2018 de https://lamenteesmaravillosa.com/cual-es-el-vinculo-entre-emoción            =y-alimentacion/
Zepeda, F. (2007). Introducción a la psicología. México: Pearson. Obtenido de https://www.





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