“Influencia de las
emociones en la alimentación”
MARCO TEÓRICO
Antecedentes del tema
Una de las características
básicas de los seres humanos es la capacidad que se tiene para poder
experimentar reacciones fisiológicas ante ciertos estímulos que de cierta forma
sirven para adaptarse al entorno pues tienen funciones de activación como una
señal para la acción, sin embargo, muchas personas tienen dificultad para poder
expresarlas de tal manera que se van quedando en el cuerpo, mismas que al no
ser expresadas o controladas de una manera adecuada buscan una forma de salir y
generalmente lo hacen a través de la enfermedad y de ciertas conductas
compulsivas o dañinas para el sujeto. Emociones que se van quedando dentro del
cuerpo desde pequeños porque tal vez se vivió una infancia de represión en
donde no estaba permitido el llorar, el enojarse, el tener miedo o hasta el sentir alegría, o bien se
acostumbró al niño que cuando estuviera triste se le diera un dulce, chocolate
o cualquier otro alimento que le permitiría sentirse mejor, esto es muy claro
en la vida cotidiana ya que cuando el pequeño experimenta una emoción los
padres o personas a su alrededor en lugar de dejarlo que experimente la emoción
se le suspende otorgándole una golosina para que se sienta mejor. De tal
manera, que conforme va creciendo va utilizando el alimento (generalmente algo
dulce) como una forma de manejar esa emoción que le permita sentirse mejor.
Debido a lo anterior se puede
entender que existe una relación entre las emociones y la alimentación mismos
datos que se han encontrado en diferentes investigaciones. De tal manera que
según Rodríguez (2017) la conducta alimentaria forma parte del conjunto de
factores culturales, sociales, psicológicos, religiosos, económicos y
geográficos que integran un determinado grupo social. Estos factores están
íntimamente asociados a situaciones, condiciones y circunstancias que marcan un
determinado ambiente, un estilo de vida que proporciona al individuo una
identidad. Retomando lo dicho por el autor queda claro que la alimentación no
solo dependerá de un hambre física o como una necesidad fisiológica la acción de
comer, sino que también hay otros factores que influyen en la alimentación y
que muchas veces no se toman en cuenta al momento de diseñar una dieta específica
donde el profesional de la nutrición debe de valorar también estos aspectos y complementar
su tratamiento de una manera interdisciplinaria con otros profesionales.
De lo señalado anteriormente,
se puede corroborar con los resultados obtenidos por Pascual y Etxebarria (2011)
en su artículo “Las variables emocionales como factores
de riesgo de los trastornos de la conducta alimentaria” donde concluyeron que el
conjunto de variables psicológicas que analizaron (ansiedad-rasgo, dificultad para
identificar y expresar las emociones, baja autoestima, actitud negativa hacia
la expresión emocional, percepción negativa de las emociones, influencia de la
alimentación, peso y gura corporal en el estado de ánimo, necesidad de control
y determinadas formas de regular las emociones) pueden ser consideradas
factores de riesgo de los trastornos de la conducta alimentaria.
Por lo tanto, cabe señalar que
las variables psicológicas en particular el manejo de las emociones no solo
puede provocar problemas de obesidad por tener una alimentación inadecuada como
pudiera creerse, sino también puede ser causante de transtornos alimenticios
como la anorexia o la bulimia, entre otros.
Así mismo, Ramos (2016) señala
un término muy importante para poder entender lo mencionado anteriormente que
permita establecer la relación entre emociones y alimentación, ya que se
refiere al comer emocional como una estrategia de afrontamiento individual que
puede estar asociada en gran medida al sobrepeso, por lo que las consecuencias
de utilizar tal método de afrontamiento pueden ser los diversos problemas
físicos y psicológicos que se asocian a la obesidad, es decir, que al no saber
manejar las emociones el individuo no encuentra otra manera de poder expresarlas
más que a través de la comida pues genera en el sujeto una imperiosa necesidad
de llenar ese vacío que tiene ya que al consumir el alimento reduce la emoción principalmente
negativa porque así pudo haberlo aprendido desde pequeño y que por tal motivo
puede conducir a la obesidad o a otras enfermedades.
Del
mismo modo, Sánchez y Pontes (2012) en su carta científica “Influencia de las emociones en la
ingesta y control de peso” mencionan
que la emoción en sí misma no puede ser responsable de excesiva ingesta sino
más bien, que la verdadera causante del sobrepeso, es la forma en que la
emoción es afrontada por la persona y por lo tanto se ha encontrado que el vínculo entre
emoción y alimentación es más fuerte en las personas obesas que en las no
obesas y en personas que hacen dieta en relación a las personas que no hacen
dietas. Lo anterior hace pensar que realmente no es tanto la emoción la que
genera la conducta alimentaria inadecuada sino más bien la manera en que el
sujeto afronta esa emoción al carecer de estrategias de afrontamiento o de inteligencia
emocional ante las situaciones que se le presentan en la vida diaria, por
ejemplo, ante una pérdida el individuo trata de aliviar esa tristeza en lugar
de acudir con un profesional (psicólogo) lo hace comiendo pues es su manera de
sentirse mejor y aliviar esa emoción convirtiéndose la comida en una forma de
analgésico.
Sin
duda, son varios los autores que hablan sobre la relación que existe entre las
emociones y la alimentación, quedando claro que el hambre no solo tiene que ver
con una necesidad fisiológica sino también con otras variables psicológicas o
hasta culturales, pero para efecto de la presente investigación solo se
revisarán las relacionadas con las emociones.
Bases teóricas
En el
área de la nutrición hay algunos términos que son básicos para poder entender la
temática que ocupa esta investigación ya que si no quedan claros pudiera haber
una confusión entre los mismos, por ejemplo, cuando se escucha hablar de nutrición
muchas veces se piensa que es alimentación y cuando se escucha hablar sobre alimentación
se confunde con nutrición, sin embargo, son términos que están muy relacionados
pero no se pueden considerar lo mismo.
Para
Casanueva (2001) citada por Otero (2012) la nutrición va más allá de comer, es
un proceso muy complejo que considera desde los aspectos sociales hasta los
celulares, y se define como “el conjunto de fenómenos mediante los cuales se
obtienen, utilizan y excretan las sustancias nutritivas llamadas nutrimentos,
mismas sustancias que son obtenidas a través de la alimentación, la cual consiste
en la obtención, preparación e ingestión de alimentos. Por lo anterior, es evidente
que no son lo mismo pero están íntimamente relacionados ya que van de la mano
al momento de establecer una dieta, por lo que es importante para el
profesional de la nutrición identificar los hábitos alimenticios o conducta
alimentaria y determinar cuales son los alimentos que esta ingiriendo el sujeto
en su día a día.
Del
mismo modo, Palencia (s.f.) señala que la alimentación es el conjunto de
acciones que permiten introducir en el organismo humano los alimentos, o
fuentes de las materias primas que precisa obtener, para llevar a cabo sus
funciones vitales y la nutrición en cambio, es el conjunto de procesos
involuntarios mediante los cuales el cuerpo humano incorpora, transforma y
utiliza los nutrientes suministrados con los alimentos, para realizar sus
funciones vitales, es decir, la acción de comer es una necesidad que se busca
satisfacer a través de los alimentos ya que es considerada una necesidad
fisiológica y posteriormente pasa a la nutrición en donde después de haber
incorporado los alimentos en el cuerpo, el mismo organismo absorbe y utiliza
los nutrientes de los mismos.
Otro
término que se necesita comprender es el referente a la
conducta alimentaria que se define como el comportamiento normal relacionado
con los hábitos de alimentación, la selección de alimentos que se ingieren, las
preparaciones culinarias y las cantidades ingeridas de ellos. (Osorio y Weisstaub,
2002). De tal manera que cada sujeto tiene diferentes hábitos al momento de
consumir alimentos desde horarios, alimentos que se consumen en mayor cantidad
o menos, tipos de alimentos y forma de consumirlos, dichos hábitos se han
aprendido desde que se es pequeño en la misma familia y que se van repitiendo a
través de los años, por ejemplo, si a un niño sus padres acostumbran a llevarlo
a comer comida chatarra, a no desayunar, a comer determinado tipo de alimento
estos patrones se van repitiendo.
Así mismo, Anderson (1998)
citado por Osorio y Weisstaub
(2002) señala que se entiende por apetito al conjunto de señales
internas y externas que guían a un individuo en la selección e ingestión de
alimentos y la saciedad es la sensación fisiológica de plenitud que determina
el término de la ingesta alimentaria. Pero en muchas ocasiones ese
apetito solo se refiere a cierto tipos de alimentos que pueden ser dañinos para
el organismo debido a la gran cantidad de azúcar o grasas que contienen y que
pueden llevarlo a problemas de obesidad, sin embargo, muchas veces aunque el
individuo consuma el alimento continua sintiendo hambre lo que lo induce a
seguir consumiendo alimentos sin terminar de saciarse.
Después de que estos términos
han quedado definidos ahora se considera importante revisar la otra variable de
la investigación referente a las emociones pues muchas veces se piensa de
manera confusa que son lo mismo que los sentimientos o que no se debe ser tan “emocional”
en la vida, pero esto va todavía mas allá de un ser emocional.
Para Zepeda (2007) la
emoción es el estado de sensaciones complejo que comprende una experiencia
consciente, respuestas físicas internas y manifiestas además de la capacidad de
motivar al organismo para la acción, de lo anterior se puede decir que entonces
una emoción se considera como una reacción que tiene el organismo ante cierto
estímulo lo que le permite actuar de determinada manera y en muchas ocasiones
esa forma de actuar no es la más adecuada que influye en algunos aspectos de su
vida pues cada uno reacciona de manera muy específica ente los estímulos.
Choliz
(2005) señala también a la emoción como una experiencia afectiva
en cierta medida agradable o desagradable, que supone una cualidad
fenomenológica característica y que compromete tres sistemas de respuesta:
cognitivo-subjetivo, conductual-expresivo y fisiológico-adaptativo, por lo
tanto, la emoción no solo se considera como una reacción fisiológica sino que
también tiene un componente cognitivo el cual muchas veces es el generador de
la emoción o de su intensidad, es decir, que lo que piensas de la situación es
lo que genera la emoción y que a su vez hace que se reaccione de determinada
manera de acuerdo a las estrategias que tiene el sujeto para expresar y
controlar la emoción.
La emoción
tiene tres funciones principales: funciones adaptativas, funciones sociales y funciones
motivacionales. En la primera una de las funciones más importantes de la
emoción sea la de preparar al organismo para que ejecute eficazmente la
conducta exigida por las condiciones ambientales, movilizando la energía
necesaria para ello, así como dirigiendo la conducta (acercando o alejando)
hacia un objetivo determinado; la segunda referida a la expresión de las
emociones permite a los demás predecir el comportamiento asociado con las
mismas, lo cual tiene un indudable valor en los procesos de relación
interpersonal y la última implica una relación entre emoción y motivación, ya
que se trata de una experiencia presente en cualquier tipo de actividad que
posee las dos principales características de la conducta motivada, dirección e
intensidad y la emoción energiza la conducta motivada. (Reeve, 1994 citado por
Choliz, 2005).
Pero, ¿Qué pasa
cuando la emoción no cumple estas funciones y en lugar de reaccionar de una
manera adecuada se reprime la emoción o bien la emoción se expresa de una forma
exagerada? Lo que si es cierto es que cada sujeto responderá ante la situación
de acuerdo a lo que se le enseñó cuando era pequeño o de acuerdo a su
personalidad, en dado caso que se le haya enseñado a expresar sus emociones de
manera correcta será un individuo sano emocionalmente pero en caso contrario
buscará algunas formas de poder expresarlas o enfrentarlas y en lo referente a
esta investigación esa expresión será a través de una conducta alimentaria
inadecuada que afecta su salud ya sea en
cuanto a obesidad o algún transtorno alimentario donde vea a la comida su peor
enemigo.
Para
Menendez (2007) nuestro nivel de salud mental será equiparable
entonces al de la salud física porque habrá un equilibrio entre lo que queremos
y lo que conseguimos, entre cómo somos y cómo deseamos ser, manteniendo luchas
internas por la desproporción entre lo que queremos y lo que conseguimos lo que
llevará a tapar ese vacio con los alimentos, de este modo, a través de la
alimentación se busca sentir una sensación de bienestar pues entre más se come
mas feliz o estable se encuentra el sujeto
La
relación emociones-nutrición es clara, ya que en momentos de
inestabilidad emocional somos más propensos a consumir alimentos grasos. Esto
no es positivo para el control de peso y provoca un exceso de grasa en la
dieta. Cuando usamos la dieta para calmar nuestro estado emocional, a esto se
le llama alimentación emocional” (García-Allen,
s.f.), por lo anterior, se debería identificar que es lo que esta pasando con
el sujeto a nivel psicológico ya que entonces el comer se convierte en su
estrategia para afrontar sus situaciones y que pudiera ser una de las razones
por las cuales el sujeto a pesar de estar haciendo dietas las deja de hacer.
Por lo tanto, como señala
Servian (2017) cuando
usamos la comida para calmar nuestro estado emocional estamos alimentándonos
emocionalmente. De alguna manera la preocupación por nuestro peso y por
nuestro cuerpo enmascara preocupaciones aún más profundas. Esto se convierte en
un círculo vicioso de preocupaciones que no se resuelven y que frenan nuestra
capacidad de crecer y desarrollarnos.
Mientras no se acuda a buscar ayuda con un profesional
para trabajar las situaciones emocionales por mas dietas que haga el sujeto
estas no funcionarán pues lo que necesitan no es un alimento físico sino un
alimento emocional, desafortunadamente si se sigue con esta conducta podría
generar problemas como la obesidad o en su defecto transtornos alimenticios.
Para concluir, se puede decir que
realmente las emociones principalmente las negativas como la tristeza, enojo, miedo,
entre otras, influyen en la alimentación debido a que se relacionan con esa
forma de llenar el vacío que tienen ya sea porque fue aprendido durante su
infancia o como una forma de afrontar las situaciones difíciles.
Referencias
Chóliz
M. (2005): Psicología de la emoción: el proceso emocional. Obtenido de https://www.uv.es/choliz/Proceso%20emocional.pdf
García-Allen,
J. (s.f.). La importancia de la alimentación emocional. Recuperado el 14 de
mayo de 2018, de https://psicologiaymentenet/nutricion/psicologia-nutricion-alimentacion-emocional
Menendez,
I. (2007). Alimentación emocional: La relación entre nuestras emociones y los
conflictos con la comida. Barcelona: Grijalbo. Obtenido de http://www.isabelmenendez.es/libros/ALIMENTACION%20EMOCIONAL%20%20
Isabel%20Menendez.pdf
Osorio J.,
Weisstaub N. (2002). Desarrollo de la conducta alimentaria en la infancia y sus
alteraciones. Revista Chilena de Nutrición
Vol. 29. No. 23 Obtenido de
Otero B. (2012). Nutrición.
Red Tercer Milenio: México. Obtenido de http://www.aliat.org.mx
Palencia Y. (s.f) Alimentación y salud: Claves
para una buena alimentación Obtenido de
UNA_BUENA_ALIMENTACION
Pascual
A., Etxebarria E.(2011). Las variables emocionales como factores de riesgo de
los
trastornos de la conducta alimentaria. International
Journal of Clinical and Health
Psychology. Obtenido de http://www.redalyc.org/html/337/33716996003/
Ramos,
J.González K. (2016). Efecto de la interacción entre el sexo y el peso en el
comer emocional en adolescentes. Psicología y Salud, 26(1). Obtenido de http://revistas.uv.mx/index.php/psicysalud/article/view/1899/3473
Rodríguez D. (2017). Alimentación y Emociones. Una sinergia
fundamental para nuestro
bienestar. Projecte Final del
Postgrau en Educació Emocional i
Benestar
Barcelona: Universita de Barcelona. Obtenido de http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream
/2445/118538/7/TFP%20Daniel%20 Rodriguez.pdf
Sánchez,
J. , Pontes T.(2012). Influencia de las emociones en la ingesta y control de
peso. Nutrición Hospitalaria. Obtenido de http://scielo.isciii.es/pdf/nh/v27n6/50cartacientifica
02.pdf
Servian F. (2017).
¿Cuál es el vínculo entre emoción y alimentación? Recuperado el 16 de
mayo de 2018 de https://lamenteesmaravillosa.com/cual-es-el-vinculo-entre-emoción
=y-alimentacion/
Zepeda, F. (2007). Introducción a la psicología.
México: Pearson. Obtenido de https://www.
Muy buen trabajo compañera!
ResponderBorrarÉxito!
MUCHAS GRACIAS
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